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FEDERICO GARCÍA LORCA

Chove en Santiago
meu doce amor
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.

Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pola rúa
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaido
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
agoa da mañan anterga
trema no meu corazón.

ODA A WALT WHITMAN

Por eso no levanto mi voz, vejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí  contra vosotros, maricas de las ciudades.
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpias, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Poeta en Nueva York.

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desierto

La sed pide vientos a sus cabellos, pide nostalgias a sus recuerdos, anhela los rios de constante incierto..

Fluye en ella el amargo lamento de la sangre del desprecio, de la inexistencia , del silencio…

Y sin más fortuna que el olvido de la lengua seca, de las entrañas marchitas, de las tierras sin fruto, queda el corazón en su desgracia azotado, oprimido y enajenado.

 Mañana las aves sobrevolarán mi campo, mas no llegarán a detenerse en vuelo ni por fugaz descanso de tan alto navegar. Quedaróme solo yacido y sin sombras, preso de soles que consumen, de los vientos que azotan, de las noches que no abrigan…

 Subirá pues al fin el último de los sentidos, expirado en resignadas nimiedades, y no será mas que un nuevo humo del más molesto brío, que no hallará esta vez tropiezos en su devenir, ni  más contaminantes aventuras. Ascenderá solo ,subestimado, diezmado de poder y sin ninguna luz guiado. Será en él testigo el recuerdo del insecto molesto, del corazón sin latidos, de los ojos sin lágrimas, Será en él voz sin sonido del nimio intento de protesta, del quejido incesante que no halla condescendencia, del despertar del miedo asfixiante…