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EL DESASOSIEGO DE PESSOA

 Un libro para ser oído, sí, digo oído, porque no se lee,se escucha, y es más, es como escucharnos a nosotros mismos. Fruto de la existencia muchas veces “incompleta” de la que formamos parte, calles desnudas, que no dicen nada, gentes que vienen y van inmersas en sus propios problemas, en su propio cosmos. Es la desidia del día a día, de la rutina del sistema en el que tarde o temprano nos vemos avocados y nos dirige inconscientemente a un estado  de mecanización sin causa, sin por qué, sin deseo más que de perdernos en nuestros propios pensamientos, pues es donde único tiene cabida la “coherencia” de un vivir del que sencillamente no formamos parte voluntaria.

 Pessoa a mi parecer retrata muy bien estos devaneos contínuos a los que nos abandonamos cada tarde, cada noche, cada jornada…en el íntimo rincón de nuestros pensamientos.

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desierto

La sed pide vientos a sus cabellos, pide nostalgias a sus recuerdos, anhela los rios de constante incierto..

Fluye en ella el amargo lamento de la sangre del desprecio, de la inexistencia , del silencio…

Y sin más fortuna que el olvido de la lengua seca, de las entrañas marchitas, de las tierras sin fruto, queda el corazón en su desgracia azotado, oprimido y enajenado.

 Mañana las aves sobrevolarán mi campo, mas no llegarán a detenerse en vuelo ni por fugaz descanso de tan alto navegar. Quedaróme solo yacido y sin sombras, preso de soles que consumen, de los vientos que azotan, de las noches que no abrigan…

 Subirá pues al fin el último de los sentidos, expirado en resignadas nimiedades, y no será mas que un nuevo humo del más molesto brío, que no hallará esta vez tropiezos en su devenir, ni  más contaminantes aventuras. Ascenderá solo ,subestimado, diezmado de poder y sin ninguna luz guiado. Será en él testigo el recuerdo del insecto molesto, del corazón sin latidos, de los ojos sin lágrimas, Será en él voz sin sonido del nimio intento de protesta, del quejido incesante que no halla condescendencia, del despertar del miedo asfixiante…