del calor de los cuerpos

Y cuanto añoro del beso de vida!, de cielos que se derriten a nuestros pies, del calor de los cuerpos que sudan hasta fundirse, la batalla del sexo, de la carne, de las pieles, del inconsciente, de los orígenes, que mayor guarida para el olvido, para la evasión de un ser que se privatiza en madrigueras de nómadas inmersiones en los oscuros del deseo, profundo, sin aire, sin luz…

 Luz roja, carta blanca a las emociones, al descuido del cuerpo que se estremece, de las deidades caídas, de las normas infringidas para con el eterno cielo de las pasiones que desobedecen en seductores juegos digitales, táctiles, arrebatadores de la sed que toda ansia calma y toda mente sucumbe al más idolatrado adalid del puro incierto que se repite a cada beso, a cada gesto, a cada espiro…

 Una noche en sombras, una tregua al ritmo marcado, una herida que se abre ancha, brutal, sensible más que el aire y por sometimiento…se da al verso, al mar del lívido calmado, o al de las bravas olas de la carne desgarrada, imperante, soberbia, dueña de todo senso, y sin más remordimiento…

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